Violencia en América Latina

Posted on 09/08/2010

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Juan Luis Londoño y Rodrigo Guerrero (1999): Violencia en América Latina: Epidemiología y Costos. Red de Centros de Investigación de la Oficina del Economista Jefe, Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Documento de Trabajo R-375

¿Cuál sería, en el modelo de rational choice, la primera  cuestión oportuna para el análisis de la violencia? Sin duda, su coste como delito. El individuo Beckeriano de beneficios y costos estaría todo el día robando en lugares como Perú, donde de cada 100 delitos son denunciados 25, en 2,5 hay condena y 0,9 acaban en la carcel.

En vista de lo cual pasan a algo que se podría reconocer como análisis dialéctico [¿deliberado? jajajaja]. En realidad, ¿no se trata de uno de los campos más aptos para ser estructurados a partir de metáforas de conflicto?

“Al aumentar la intensidad de la violencia, tiende a cambiar la naturaleza e instrumentos de la misma. De una violencia más espontánea y expresiva se pasa a una instrumental, más organizada. La disponibilidad y letalidad de las armas aumenta con la intensidad de la misma.”

Aquí empiezan las frases que enlazan con lo histórico en concreto, que vendría a ser lo real de que se está hablando.  Aunque presentado como intemporal, con un uso feo del idioma (que tal vez les hace malas personas: “operancia”, “ocurrencia”, pelotones de adverbios que acaban en -mente, “demandas de acciones criminales”, “demandar por”, flagarante robo de comas), aportan un  esquema  de fases al que adherirse o contestar.

“En tercer lugar, la capacidad pública de responder ante la violencia creciente es a veces negativa y cuando menos lenta: la operancia del aparato público tiende a deteriorarse en las fases iniciales de la misma. Finalmente, y sorprendentemente, las demandas del público por seguridad no son lineales. La percepción de los problemas es rezagada frente a la intensidad de su ocurrencia y la propensión a la denuncia disminuye ante un recrudecimiento de la violencia.” (pag. 47)

“Estas dinámicas de ofertas y demandas de acciones criminales y de protección parecerían combinarse en el tiempo para configurar cuatro fases distintas de la violencia. Partiendo de una situación de calma, la primera fase es de descubrimiento del problema: Las poblaciones demandan más protección cuando la capacidad pública no se modifica. El desequilibrio en el sistema tiende a crecer. Tal puede ser la situación actual (1998) en Uruguay, Costa Rica o Perú.

La segunda fase es de transición, y se caracteriza porque aunque la población continúa reaccionando activamente ante la creciente violencia lo hace con menor intensidad. Al mismo tiempo, los aparatos de estado comienzan a debilitarse. Se genera en esta fase, más fuerte que en ninguna otra, una cultura de la violencia. El desequilibrio del sistema alcanza su máximo. Podría ser la situación del Brasil, de Perú o de Venezuela.

La tercera fase es de inactividad, y se caracteriza por el descenso de las demandas de protección por parte de la población que coincide con la interrupción del descenso de la capacidad de los aparatos públicos. En esta situación, la creciente violencia coincide con un descenso aparente del desequilibrio del sistema: aunque el aparato público no responde la gente deja de exigir protección. Puede ser la situación de México o de Guatemala.

La cuarta fase es de control de la violencia. Se inicia con unas demandas muy fuertes por protección de la población que generan una respuesta positiva pero lenta de la protección ública. El desequilibrio potencial del sistema tiende a ser llenado temporalmente con respuestas privadas de protección. Una vez que la protección pública adquiere toda su capacidad de respuesta, la protección privada disminuye pero no desaparece. Puede ser la situación de Guatemala, El Salvador y, quizá, Colombia.”

Juan Luis Londoño y Rodrigo Guerrero (1999): Violencia en América Latina: Epidemiología y Costos. Red de Centros de Investigación de la Oficina del Economista Jefe, Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Documento de Trabajo R-375

En su análisis plantean el coste del delito, según el modelo de rational choice. El individuo Beckeriano de beneficios y costos estaría todo el día robando en lugares como Perú, donde de cada 100 delitos son denunciados 25, en 2,5 hay condena y 0,9 acaban en la carcel.

"Al aumentar la intensidad de la violencia, tiende a cambiar la naturaleza e instrumentos de la misma. De una violencia más espontánea y expresiva se pasa a una instrumental, más organizada. La disponibilidad y letalidad de las armas aumenta con la intensidad de la misma. En tercer lugar, la capacidad pública de responder ante la violencia creciente es a veces negativa y cuando menos lenta: la operancia del aparato público tiende a deteriorarse en las fases iniciales de la misma. Finalmente, y sorprendentemente, las demandas del público por seguridad no son lineales. La percepción de los problemas es rezagada frente a la intensidad de su ocurrencia y la propensión a la denuncia disminuye ante un recrudecimiento de la violencia." (pag. 47)

"Estas dinámicas de ofertas y demandas de acciones criminales y de protección parecerían combinarse en el tiempo para configurar cuatro fases distintas de la violencia. Partiendo de una situación de calma, la primera fase es de descubrimiento del problema: Las poblaciones demandan más protección cuando la capacidad pública no se modifica. El desequilibrio en el sistema tiende a crecer. Tal puede ser la situación actual (1998) en Uruguay, Costa Rica o Perú.

La segunda fase es de transición, y se caracteriza porque aunque la población continúa reaccionando activamente ante la creciente violencia lo hace con menor intensidad. Al mismo tiempo, los aparatos de estado comienzan a debilitarse. Se genera en esta fase, más fuerte que en ninguna otra, una cultura de la violencia. El desequilibrio del sistema alcanza su máximo. Podría ser la situación del Brasil, de Perú o de Venezuela.

La tercera fase es de inactividad, y se caracteriza por el descenso de las demandas de protección por parte de la población que coincide con la interrupción del descenso de la capacidad de los aparatos públicos. En esta situación, la creciente violencia coincide con un descenso aparente del desequilibrio del sistema: aunque el aparato público no responde la gente deja de exigir protección. Puede ser la situación de México o de Guatemala.

La cuarta fase es de control de la violencia. Se inicia con unas demandas muy fuertes por protección de la población que generan una respuesta positiva pero lenta de la protección ública. El desequilibrio potencial del sistema tiende a ser llenado temporalmente con respuestas privadas de protección. Una vez que la protección pública adquiere toda su capacidad de respuesta, la protección privada disminuye pero no desaparece. Puede ser la situación de Guatemala, El Salvador y, quizá, Colombia."
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