Entre la desconfianza y la irritación

Posted on 27/10/2011

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Entre la desconfianza y la irritación

Barómetro de octubre de 2011, CIS (link)

Entre las pequeñas emociones que nos proporciona la política, prevalecen dos: irritación y desconfianza. Falta la confianza, “esperanza firme que se tiene de alguien o algo”. Pero, ¿se puede confiar en la política? La confianza es lo mismo que la esperanza, que se define como el “estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos”. En cambio, en la doctrina cristiana (mucho más clara que el diccionario de la RAE), es la virtud “por la que se espera que Dios dé los bienes que ha prometido”.

Y los que no tenemos dioses,  ¿quién nos proporciona bienes? ¿”La política”? Seres más tangibles, como el Ayuntamiento o mi primo Alfonso, sí son dignos de esperanza en ese sentido teologal. Pero “la política”… Tal vez sea uno más de esos dioses antiguos de los que hablaba Weber, que con la modernidad volvieron de su exilio:

“..los numerosos dioses antiguos, desmagificados y adoptando, por ello, la forma de poderes impersonales, salen de sus tumbas, aspiran a tener poder sobre nuestras vidas y comienzan de nuevo la eterna lucha entre ellos. Pero estar a la altura de esta normalidad es precisamente lo que le resulta tan difícil al hombre moderno y muy difícil a la generación joven. Toda esa búsqueda de la vivencia procede de esta debilidad, pues debilidad es no poder mirar el rostro severo del destino de nuestro tiempo”.

Max Weber (1992): La ciencia como vocación, Madrid, Austral.

Y ahora, acabada la modernidad, se vuelve a ir al bosque. O, más bien, queremos creer que alguna vez estuvo: si en el siglo XX hubo una edad de oro, seguramente no fue en nuestro país.

El pensamiento de la pregunta 14, mágico, cree que la virtud cardinal de la esperanza se ha trasladado directamente a “la política”. Pero caen en un error: de aquí nunca se llegaron a ir los caciques. En nuestra fantástica sociedad clientelar, por ejemplo, más de la mitad de los asalariados consigue su empleo mediante contactos personales (link). Y no se cuentan los vergonzantes, claro, que no lo dicen.

No quiero ser españolista- fatalista, es legendario el corporativismo del sistema renano.

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El párrafo de Krugman en El País del otro día parece un comentario de la tabla, en otro sentido:

La historia de la Europa de posguerra es profundamente inspiradora. A partir de las ruinas de la guerra, los europeos construyeron un sistema de paz y democracia, y de paso, unas sociedades que, aunque imperfectas -¿qué sociedad no lo es?- son posiblemente las más decentes de la historia de la humanidad.

Pero ese logro se ve amenazado porque la élite europea, en su arrogancia, encerró el continente en un sistema monetario que recreaba la rigidez del patrón oro y que -como el patrón oro en los años treinta- se ha convertido en una trampa mortal.

A lo mejor los dirigentes europeos dan ahora con un plan de rescate verdaderamente creíble. Eso espero, pero no confío en ello.

Paul Krugman: El agujero en el cuBo de Europa. El País, 25-10-2011 (link)

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Falta la esperanza, y emerge, en cambio, la ira.

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