El bebedizo mágico de Melesio

Posted on 10/11/2011

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Cuando mi hermana era pequeña contaba la historia de Melesio, que tomaba  “pastillas de fumo” (entonces éramos gallegos) y se volvía malo. Supongo que se le ocurrió al ver por la tele algun Dr. Jekyll and Mr. Hyde, una de las versiones modernas del aprendiz de brujo.

Bueno, pues la historia me recuerda mucho al documento que enlazo al pie. Parece de género fantástico. ¿Es tal vez la visión de un loco, una utopía? No, son las condiciones que la UE, FMI y BCE imponen a Portugal para prestarle 78.000 millones de euros a lo largo de tres años. Portugal tenía últimamente unos presupuestos anuales de unos 80.000 mde. A mediados de 2011, el país se vió en una situación de insolvencia propiciada por los elevados intereses que debe pagar para endeudarse. Función fundamental del Estado en el contexto de una Eurozona en la que casi todos recaudan, ejercicio tras ejercicio, mucho menos de lo que gastan.

En las subastas de bonos a 10 años se superaron, a primeros de junio, los tipos de interés del 10% anual. Así que acudió a la troika para pedir soluciones, que consistieron en un interés promedio del 5,1% anual (ref), y plena injerencia.  Para tener una referencia para valorar este dato, en España, antes de 1996, las Obligaciones del Estado a 10 años rara vez bajaron del 10%.

El documento enlazado muestra las condiciones no financieras que se le imponen al país para acceder a un préstamo. Asistimos al espectáculo de un Estado portatil, capaz de desmontarse por la diferencia de un tipo de interés a otro, y asombra. Medidas que a lo mejor costaría 20 años adoptar en un proceso democrático de negociación se establecen para el próximo trimestre; el alcance de los objetivos proyectados para un plazo de dos años es extraordinario.

¿Cómo podría imponerse una secuencia tan forzada, sino por despotismo?

Todo es facilitado por el un marco de absoluta opacidad que caracteriza las tomas de decisiones en Europa. Se multiplican los órganos de casi igual nombre y diferente función: Consejo de Europa, Consejo Europeo y Consejo de la Unión Europea no son la misma cosa; en cambio, Consejo de la Unión Europea o Consejo de Ministros o Consilium sí es lo mismo. La ambigüedad es multiplicada por 27 idiomas.

Pues bien, en este orden fractal el último órgano (Consilium, por unificar) es el masca: la reunión de representantes de los gobiernos de los países miembros. Allí se toman las decisiones de más calado, aunque existen diez diferentes configuraciones del Consilium en función del tema tratado. Las ponderaciones de votos en su seno varían en una aritmética infinita, hasta el punto de que en la web del Consilium se ofrece, en la primera página, una calculadora de votos. Por supuesto, de las reuniones no quedan actas.

Toda esta arquitectura compleja parece un baile acuático de Esther Williams, la representación barroca del Paraíso o una orgía de Sade. Pero, ¿quién escribió las medidas? Porque al final de todo esto hay un lápiz, y un documento que se aprueba. El nombre de este avezado postpolítico no pasará a la historia. De lo que no hay duda es de que está preparado para escribir del resto del continente.

“¡Oh, engendro del infierno!” (O du Ausgeburt der Hölle!)

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