Cuento de invierno

Posted on 02/12/2011

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(…)

No soy ningún cordero, no soy ningún perro,
ni un consejero, ni un besugo…
Sigo siendo un lobo, mi corazón
y mis colmillos son lobunos.

Yo soy un lobo y siempre
aullaré con los lobos…
Si, contad conmigo y ayudaos a vosotros mismos,
¡entonces también Dios os ayudará!

Heinrich Heine (2001): Alemania. Un cuento de invierno (link)

Angela Merkel nació en 1954 en Hamburgo, Alemania Occidental, pero a las pocas semanas se desplazó a la RDA. Y permaneció allí, en principio bien integrada, hasta la caída del muro. Durante muchos años, como el 75% de los jóvenes orientales, militó en la Juventud Libre Alemana (FDJ, la organización juvenil oficial de la RDA).

En su centro de trabajo, el Instituto de Física Química de la Academia de Ciencias, participó en el grupo de la FDJ. En una entrevista informó de que allí se ocupaba de organizar actividades culturales. Pero, según quien fué su jefe político, Merkel era secretaria agitación y propaganda. Ella ha respondido que tiene poca memoria.

La negación tiene valor. En medio de una “guerra de la cuarta generación” en la zona euro descubrimos una falla en el discurso de uno de los principales actores, un decalage entre dos verdades que se atribuye a un descuido. El síntoma da importancia a su etapa de agitprop.

En el bloque soviético, agitación y propaganda (“agitprop”) designaba todas las actividades con las que se pretendía transmitir un mensaje político. En “Qué hacer” Lenin distingue entre agitación y propaganda:

El propagandista comunica muchas ideas a una sola o a varias personas, mientras que el agitador comunica una sola idea o un pequeño número de ideas, pero, en cambio, a toda una multitud.

Lenin, ¿Qué hacer? Edita: Proyecto Espartaco, pp. 48-49 (link)

La agitación era la tarea central en la política revolucionaria socialista, el cometido de la vanguardia por definición. Dentro de la agitación distingue Lenin a su vez entre la denuncia (cifras, escándalos, casos) y la consigna (“todo el poder para los soviets”). Las consignas o llamamientos deben ser moduladas: corresponder no solo a la situación política, sino también al nivel de conciencia de las masas que se procura reformular.

La historia de la agitación en el bloque soviético debe dividirse en dos momentos: el acceso al poder y su consolidación. La perspectiva de Lenin fue un giro copernicano, y se demostró arrolladora en el final del zarismo. Pero en los años veinte, ya en el poder, la eficacia del mensaje creció sin duda gracias al aparato represor. Basta ver la cartelería para darnos cuenta de la ingenuidad de planteamiento, y de que mucha gente lo vería con distancia. Pero se trata de la primera escuela de propaganda moderna. Muy pronto otras recogieron el testigo.

En la RDA los métodos de Hitler y Goebels debieron ser bien conocidos. La propaganda nazi agudiza algunos rasgos de la propaganda soviética: el énfasis en la agitación, y la estetización de esta. Y añade  Domenach: adquiere una total centralidad el miedo al emisor.

En cuanto al adversario, sometido a un perpetuo alerta, psíquicamente desarticulado, casi adormecido, como el perro de Pavlov, de tanto esperar el golpe no reaccionaba cuando éste caía sobre él.

Jean- Marie Domenach: La propaganda política. Eudeba, pag. 18. link

Al mismo tiempo que la revolución rusa, se elaboraba la psicología social americana. Tomemos a Walter Lippmann. Este autor- institución también se preguntó cómo “fabricar consensos”, dentro del marco de la democracia liberal. Las premisas son aristocráticas, y es esencial el engaño.

La necesidad es a menudo imaginada, el peligro manufacturado. Pero cuando son imperiosos resultados rápidos, la manipulación de las masas a través de símbolos puede ser la única manera rápida de hacer una cosa crítica. A menudo es más importante actuar que entender. A veces es cierto que la acción puede fracasar si todos la entienden. Hay muchos asuntos que no pueden esperar un referendum o soportar publicidad, y hay ocasiones, por ejemplo durante la guerra, cuando una nación, un ejército o incluso sus comandantes deben confiar la estrategia a unas pocas mentes.

Walter Lippmann (1922): La opinión pública (link)

Aquí arraiga la “comunicación corporativa”, nombre que recibe hoy la propaganda. La necesidad de persuadir a las mayorías y (frente a los dos casos anteriores) la limitación del uso de la violencia hace presuponer un mayor grado de complejidad, aunque la base es más la sordina que la movilización en cualquier sentido.

Digo todo esto porque las autodestructivas declaraciones de los dos últimos años en la zona Euro son difíciles de tomar por información. Sino que el foco ha de ser puesto en sus probables consecuencias, en la pragmática, y de esta extraer las intenciones no escritas y los planes no detallados. La economía podrá ser una ciencia lugubre, pero hace uso de la gaya ciencia para “hacer lo necesario”.

El método es paranóico (primera premisa: nos engañan). La alternativa es que fueran estúpidos. Desde ese punto de vista, Krugmann les llama “románticos, crueles y aburridos”, y les acusa de mantener una fé supersticiosa en el “hada de la confianza” que se aparecería a consecuencia de la austeridad (link). Pero resulta difícil de creer que estos gobiernos, y menos aún el BCE, limiten su tecnología económica (tecnocracia) a tan escuetas consignas. Más bien esconden la mano, antes que a entregarse a la mano invisible. Como Lenin:

Nuestra tarea, la tarea de la socialdemocracia, consiste en combatir la espontaneidad.

V.I. Lenin (2001 [1902]): ¿Qué hacer? Edita: Proyecto Espartaco, p29 (link)

Continuará.

 

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